miércoles, 9 de septiembre de 2009

Plática

El texto (cortado y pegado) a continuación es parte de la clase abierta que dicté durante el Programa de Transferencias "Ida y vuelta" organizado por el INT.

...Se había escondido en una pequeña habitación que servía como camarín a los intérpretes. Los jóvenes se cambiaron rápidamente de trajes y desaparecieron. Finalmente llegó alguien para apagar las luces y descubrió a Kaspar. Esto es un extracto de Kaspar Hauser, de Jakob Wassermann.

Voy a hablar del diálogo teatral pensándolo como hecho fisiológico. Quisiera hablar del fenómeno del diálogo como si no fuera una estrategia técnica.

EN LA LOCALIDAD DE 9 DE JULIO ME ENTERÉ SOBRE LA VIDA DE UN HOMBRE QUE NACIÓ Y FUE CRIADO ADENTRO DE UN TEATRO. AQUEL HOMBRE HABRÁ APRENDIDO ALGO SOBRE LOS PADRES CONTEMPLANDO A WILLY LOMAN, ALGO SOBRE LOS MATRIMONIOS EN MACBETH, ALGO SOBRE LA BRUTALIDAD EN ¡AL CAMPO! DE NICOLÁS GRANADA.

¿Qué pasa si imaginamos a los diálogos teatrales como un hecho habitual?

Naturalmente, los diálogos teatrales no empiezan y terminan en un mismo espacio. Y todos los diálogos teatrales empiezan y terminan en un callarse.

"¿Qué sigue?" es la pregunta que impulsa los diálogos. Los impulsa para llenar el vacío de callarse y de crear algún silencio incómodo. (...) Se sigue por el camino de posibilidades que prestan los diálogos, siempre buscando el desborde, tratando de inventar nuevas combinaciones, pero también usando las palabras justas y en el momento adecuado. A cada personaje le toca su turno: la regla del juego es simple e imparcial. Los que dialogan pueden tomarse la libertad de hablar sobre algo que va - más - allá del propio diálogo.

Los diálogos teatrales tienen sentido en el teatro porque ahí encuentran un lugar donde poder moverse. Los diálogos teatrales tienen las marcas del escenario. Tartamudeos, olvidos, hermetismos, furcios y morcilleos. Los diálogos teatrales tienen gestos.

Los diálogos fluyen y nunca se detienen. Quieren aumentar. Tratan de dejar el tema. Los diálogos son hipertextos que la escritura dramática intenta representar a su manera, discontinua. ¡Pero los diálogos son interdisciplinarios!

En los diálogos nadie se entiende. Sin discusión no hay diálogo. Hablar razonablemente nos deja mudos. El SENTIDO podría estar en una guiñada de ojo y no en la gramática de la escritura. Si se hace lío al hablar, entonces se sigue adelante... Parafraseando a ARTAUD, dialogamos sin entendernos para llegar a - algún otro lugar.

Si no es el SENTIDO, ¿qué hilvana entonces los diálogos? ¿la EMOCIÓN teatral? Los diálogos tienen un hilo - ilógico. Una frase se escapa, un personaje dice algo sin querer, el apuntador cabecea. El remate del diálogo deja al descubierto las INTENSIDADES que se desplazaban por debajo.

Una mínima pincelada es lo que queda del diálogo. Algo que escapó de la frase. Un chisme. Esa pequeña partícula obliga a los intérpretes a decirla y a no decirla. Queda señalada precisamente porque se fue de cuadro... Ese DESTELLO no termina en los puntos finales, va saliendo a lo largo del diálogo. Esa pequeña forma genera IMPACTOS que cambian el tono y envuelven a los personajes en razones que están fuera del sentido común.

Estoy hablando acerca de los diálogos tal como los pienso, tal como los diálogos se me presentan: viniendo de a rachas.

Los diálogos organizan a los intérpretes. Los intérpretes se ven de pronto dialogando. Un intérprete sale a escena y lo acechan palabras. SU CUERPO HABLA del personaje. SU VESTUARIO EXPLICA cómo se mueve. La representación del cuerpo inspira diálogos, genera un rumor. ¿Quién es ése? ¿Qué hace? ¿A qué viene? Es la siniestra curiosidad teatral. Las palabras que dice el intérprete son entonces accesorios del cuerpo que habla.

(...) Miro una escena desde lejos y veo a dos pequeñas figuras. No escucho lo que dicen, están "hablando mudo". El silencio empieza a hacerme ver el espacio, las paredes alrededor de las figuras. Empiezo a imaginar que el escenario parpadea. Abro y cierro los ojos imitando el diálogo teatral.

El boxeador más persuasivo ganará su pelea. Sabe pegar mejor y por eso gana la discusión. El boxeador está siempre en estado de golpear o de matar. ¿Puede ser justo un boxeador con sus puños? ¿Tiene derecho a estar en contra de todos? ¿Por qué martilla la cabeza de su mejor amigo? ¿Quién le enseñó su arte?

Los personajes teatrales tienden a enojarse. Piensan que les hacen la contra y enseguida llegan los insultos. Los espectadores sienten vergüenza ajena, pero miran. A Julio César le gusta que lo discutan y necesita que Bruto le avise en cuanto se equivoca. César prefiere que lo contradigan (aunque no sé si creerle).

El escenario está armado y se conserva unido por diálogos teatrales. Los personajes se agotan hablando. En su diálogo se afirman y cambian palabras básicas en las que definen su relación. Si se escucha hablar al escenario, habla constantemente de la duración de las obras, de la manera en que se movían los actores, de las réplicas que quedaron sonando.

Los diálogos son variaciones. Un diálogo es siempre dos diálogos, dos variantes. La variación depende del contraste de dos. Un par de oraciones tiene, en principio, cuatro variantes. La fonética también varía la frase. PRONUNCIAR la frase es una variante más, ya que la frase depende de cómo se la usa. El diálogo es una forma de la variación. Se puede variar dentro de ciertos límites, ya que el diálogo está regulado por las relaciones entre los personajes. El diálogo es un sistema de variaciones que va típicamente entreverado. Las variaciones se agrupan y se enredan en el diálogo.

La realidad de los personajes es creada por el diálogo. La realidad se mantiene por la interacción entre los personajes. No todos los personajes dialogan entre sí, ni todos hablan igual. Pero una escena es un lugar de diálogos. En el escenario surgen discusiones que no son menos reales que el dinero, por dar algún ejemplo. Las discusiones generan cambios en escena. Pero los personajes que dialogan no saben qué realidad están creando.

*

Dictar una conferencia requiere un determinado tipo de relación con las palabras. Es un diálogo social. Lo que se dice en una conferencia depende de los que escuchan. Supongamos por un momento que debo explicar por qué escribí estas palabras, y que ustedes hablan en otro idioma. No sería nada fácil, tendría que exponer claramente desde dónde me puse a pensar en el diálogo teatral, qué esperaba decir, qué me trajo a participar en este encuentro... Debería decir mucho más sobre el ámbito escénico, y esa especial organización de elementos a la que llamamos teatro. Una conferencia debería tener algo que plantear, algo que todavía no hayamos leído o pensado explícitamente y que esté relacionado con algo que sí hayamos leído y pensado antes. Por eso decidí leerles esta elaboración tan personal acerca de los diálogos.

Veo un nombre escrito con mayúscula, dos puntos, una oración, punto al final. Nadie recuerda por qué los diálogos se escriben así. Me explican que es un código, que yo entiendo que es un diálogo porque así está anotado. Desde siempre. Naturalmente, los diálogos participan en un espacio de convenciones.

Noto que los personajes repiten las mismas cosas. ¿Por qué dicen lo mismo tantas veces? ¿Por qué escribí la pregunta anterior, si ya lo había dicho antes? Para que nos entendamos la primera, y para que interactuemos la segunda vez. En cuanto nos entendemos es más fácil dialogar. Podemos alargar la charla. Relacionar temas nuevos con los anteriores.

Ahora escucho lo que están diciendo dos personajes:
Uno quiere hablar antes que el otro.
El otro quiere demostrar que lo está escuchando.
Uno dicta las respuestas que en verdad quiere oír.
El otro gana tiempo.
Uno no logra contestar a una pregunta comprometida.
El otro le hace un chiste.
Uno se regodea en la frase que está diciendo.
El otro recuerda algo que le dijeron.
Uno intenta aclarar algo que dijo antes y que no fue escuchado...

Los dos personajes que escucho están unidos por ese diálogo.

Hace unos años intenté escribir un texto dramático sobre aquel hombre nacido y criado dentro de un teatro en la localidad de 9 e Julio. "Yo vivo en una ranura" decía el personaje al comenzar la obra. Una pequeña frase que parece el verso de un poema (pudo ser el verso de un poema) pero aunque fuera un poema no dejaría de ser algo dicho por alguien. El inicio de un diálogo, hablarle a otro que está lejos... Lo que tiene de poema es que vibra, nos hace sentir casi con la mano que una persona está encerrada en un pequeño lugar. No está dicho en grande sino con un detalle, una ranura. La ranura toca al que escucha la frase. El que escucha puede imaginar a quien dice "Yo vivo en una ranura". Puede imaginarlo a través de ese detalle. El detalle crea la imagen, la imagen crea la escena, y la escena desata emociones.

Las IMÁGENES participan de los diálogos. El que habla crea imágenes, imágenes con palabras. El que escucha se forma una imagen. Compartiendo imágenes, dialogan.

El hombre topo, el hombre que vivía en una ranura, andaba muy pesado porque llevaba en los bolsillos papas y cebollas que no quería dejar "a solas" por miedo a perderlas. Las papas y cebollas en los bolsillos ponen en común las imágenes, permiten comunicarnos. Las imágenes comunican sentidos y emociones, evocando escenas. Si el hombre topo abre una lata de sardinas y exprime la lata hasta hacer saltar el aceite, la dramatización es del detalle.

Quiero decir, las imágenes guían al que escucha. El que escucha (el que dialoga) interpreta lo que le dicen basándose en detalles. Los detalles son muy convincentes, generan en el que escucha imágenes que terminan convenciéndolo.

Los diálogos evocan escenas. Los que dialogan pueden estar más cerca o más lejos. Digo esto porque los diálogos teatrales ocupan ESPACIOS. Uno intenta "poner distancia" respecto del otro. Hamlet tiene salidas. Un diálogo simétrico (es decir: con igual cantidad de sílabas) parecería "acercar" a dos personajes. Los diálogos orientan el cuerpo de los actores, les marcan actitudes, les indican relaciones. En algunos diálogos incluso sabemos si los personajes se están mirando o no a los ojos.

Los que dialogan pueden conocerse o no (aunque noto que los DESCONOCIDOS en el teatro no son completamente extraños a los demás). Se paran más lejos cuando se tratan de "usted". Los personajes escritos en otro idioma hacen acrobacia porque no saben si decir "tú", "vos" o qué. Los personajes de una misma familia sobrentienden sus diálogos y hablan un idioma "familiar".

Estuve hablando sobre cómo se dialoga, cosas que se dicen, detalles, relaciones. Pero todavía no pensé qué es un diálogo teatral. Un diálogo teatral es un artificio. Personas que actúan entre sí de manera ARTIFICIAL. Estuve hablando sobre cómo se dialoga en el teatro, no en la vida. La vida nos enseña, en todo caso, modelos e incluso abstracciones de diálogos. El diálogo teatral sintetiza las experiencias, es sólo un modo de sintetizarlas.

El orden del diálogo teatral es el TIEMPO. Es posible alterar el orden de un diálogo, alterando consecuentemente el sentido de lo dicho, pero no podemos alterar su organización como secuencia. Una yuxtaposición de palabras no sería diálogo. Un diálogo teatral es SECUENCIA.

No puedo decir otra cosa acerca de los diálogos teatrales que no sea simple y trivial. Me interesé en describir el fenómeno del diálogo limitándome a sus matices. No puedo agotar, ni mucho menos, decir qué es. Está hecho con la misma lengua que hablamos, cada autor hace su propio DISCURSO con esa lengua. Los diálogos son opciones tomadas. Compromisos, mentalidades, imaginarios. Los diálogos dependen del uso que se haga de la lengua común, una lengua representada en diálogos. La vida provee la estructura social del diálogo. Los diálogos teatrales tienen clases sociales. Entre las clases se intercambian palabras. Hay textos dramáticos con batallas de palabras sin que los personajes peleen (se enfrentan con ideas). A veces los personajes se entienden sin comunicarse, sucede en diálogos a los que llamaría neoliberales. Los personajes dialogan de acuerdo con el uso que hacen del poder. Algunos hablan y se despliegan. Otros se desdibujan, como en los medios masivos, en parlamentos bien reconocibles. Hay discursos tajantes, contradictorios (que tienen la fuerza del pensamiento y no de las ideas), donde el diálogo estalla, se mueve, se multiplica. No es mucho más lo que puedo decir. Que se multiplica, porque podemos hablar de muchas maneras, mostrando posibilidades...

El teatro podría parecer "natural" en un mundo que aceptó los conflictos sociales transformándolos en algo "indiferente". Imaginen la neurosis del hombre topo, acostumbrado a los malentendidos, a la disociación entre actor y personaje, llamando "papá" al fantasma que aparece en Don Juan de Zorrilla. El hombre topo, el personaje que sueña con el afuera, dialoga con el público, pero queda siempre metido en un teatro. Nosotros, que estamos hoy pensando en la dramaturgia, que practicamos diálogos, estamos obligados por el lenguaje a participar del mundo.

Teatro 'La Tertulia' Buenos Aires, 2007.
Publicado en Saverio Revista Cruel de Teatro nº6 Agosto 2009. http://issuu.com/larana/docs/saverio4/6

No hay comentarios:

Publicar un comentario