jueves, 25 de mayo de 2006

Aviso del presente

A.1

"A los hombres se degüella; a las ideas, no."
Sarmiento

– 1975 – estoy leyendo Facundo (me nombro como si hablara de mis compañeros, aquellos). ¿Qué habíamos leído hasta entonces? Un poco de lo que fuera. En fin, estábamos descubriendo la edición TOR en papel de estraza[1], y en los pasajes largos jugábamos a darnos vuelta los párpados. Al terminar, guardábamos el libro "para más adelante".

Adoptamos Facundo de la biblioteca de nuestros padres; mientras, leíamos Poe a escondidas.

A.2

Advertencia del autor.

Al pasar por los baños del Zonda, bajo las armas de la patria que en días más alegres había pintado en una sala, escribí con carbón estas palabras:

"On ne tue point les idées."
Fortoul

A.3

La frase conocida como "Las ideas no se matan" no corresponde a Fortoul.

"On ne tue pas de coups de fusil aux idées" [= Las ideas no se matan a tiros].
Didier

Se parece a un pasaje de Diderot. Otros lo atribuyen a Volney.

La edición TOR [1945] quitaba la Advertencia del autor. Ni nos dimos cuenta, teníamos nuestro libro. En nuestros ojos hinchados entraban libros, cuchillos, alpargatas. Como Anastasio el Pollo, seguíamos argumentos cantados en idiomas desconocidos, y el rimbombó de las palabras.

A.4

Años después... ¿cuándo? nos da afasia la Historia. Un poco en broma nos desahogamos con travieso pasatiempo: Pensar al revés. Reemplazar grupos y plantear "Argentinidad o barbarie", "Bovarismo o barbarie", "Decapitación o barbarie". Hacer slogan. A cada contra ir machacando indios, gaúchos [1782], inmigrantes. Vestidos con cadenas de oposiciones, salimosr a cacarear la bella estética del heroísmo.

Por la sangre o la devastación, el juego no tiene fin. Una vincha dice "¡muera!" en letra negra. Es un cuadro sobre hombres armados, con alegría. Comedia de los matarifes, pialadores, arrieros y sirvientes de campo: patota. Destruir, después convencer. El tiempo apenas cambia la música de este relato. El otro es una ficción (en nuestra mirada) y todo suena a "traslado".

Las decapitaciones nos civilizaron.
Rivera

A.5

La fuerza del pensamiento nos atravesaba, llenos de emoción. ¡Tan varonil el baile de la ideología! Mucho nos gustaron aquellos reemplazos, y nos pusimos a hacer aforismos. Apenas necesitábamos leer "disparar al ganado" e "incendiar chozas" para traducirlo por "ajuste de frontera". Percibir "terreno baldío" en vez de "provincias". Establecer contrarios al tuntún (ya que todo "no Rosas" corresponde a "unitario").

100 julio argentino roca república argentina
cien pesos (tucumán 1843 – en unión y libertad
buenos aires 1914)
militar y estadista. realizador
de la campaña del desierto (1879).
firmó el tratado de límites
con chile – fue dos veces
la conquista del desierto presidente de la república
casa de moneda (1880 – 1886; 1898 – 1904)

Vacío de ley, nuestro más pingüe patrimonio.
Buenos Aires una jaula.
Lo demás, desierto.
Extensión, barbarie.

Ésta sí es Argentina.
Prodan

A.6

– 1980 – encontramos una publicación venezolana de Facundo [Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1977].
En la primera página:

...estropeado, lleno de cardenales, puntazos y golpes recibidos el día anterior en una de esas bacanales de soldadescas y mazorqueros.

Errores, crímenes, calamidades.
Walsh

– 1986 – estamos (clase `66) en el servicio militar obligatorio. Todo junto. Nuestros ojos cambian.

ideas recibidas Flaubert
mentalidad acomodada Marx
mala fe Sartre
opinión corriente Barthes

¿A qué vienen estos repasos? Como si no precisara de qué va... A fin de cuentas ¿podría estar recordando y contando, ajeno a todo...?

B

Ariel Farace, Carolina Balbi, Julio Molina, Laura Fernández, Mariana Chaud, Santiago Gobernori, Susana Villalba. ¡Vengan santos milagrosos! – Estamos en el año 2005 – y les propongo escribir alguna cosa: "Lo que encuentren o imaginen en esas lecturas, escriban sus lecturas". Se dedican con una pasión que habla.

Pauta impresionante:
Actuar sobre los textos.
Leer, elegir.
Volver a aquellas momias de lectura automática. Tomarlas como calle, darse rienda y correr en todas direcciones. ¡Vena nuestra poética!

Aquí me pongo a cantar
Hernández

Me detengo un momento
Lamborghini, L

Nos reunimos, otros. Perdidos por las galerías de la Historia. Nosotros impropios, pánfilos a pesar de haber leído y de toda nuestra picardía, no entendemos bien. Estamos como enfermos de ignorancia. "¡Necesitamos que alguien venga a espantarnos las moscas!" fue una opinión.

Así que, llenos de impresiones vagas, confusas, nos preguntamos si nuestras lecturas podrían colarse por lo real. O si acaso hacemos lo que leímos en algún libro, y reproducimos el sistema de desigualdad (quizá nos creemos progres y somos hipócritas...).

Nos encontramos en este caos de relaciones. Escribimos sobre el espacio en que nos ubicamos, sobre las posiciones que tomamos; es mejor que quedarnos sentados.

– 2006 – una tarde de otoño todavía sin frío, en la cocina que da al patio, Mariana, Ariel, Santiago, Caro, Julio, Susana, Laura, yo; en nuestros ojos, destellos. Las caras enfrentadas, la voz del otro llega a través del humo.

Nos habían hablado del juego de mesa que fabricó Martín Ceijo. Hecho en papel, es del tamaño de un brazo así que podemos verlo extendido de una sola vez, troquelado sobre el mostrador. No es un mapa, no contiene dibujos ni desierto; se reduce a una carrera con paradas intermedias. El recorrido supone La campaña al País encantado. Nos trae cansados recuerdos de la primaria. El juego repite La conquista, tal como la sabemos. No representa datos históricos, es un tablero que cumple la metáfora.

Jugamos, es fácil: hay que limpiar la tierra. Los papelitos son cuerpos. Miramos el tablero y sacudimos el dado. "¡Salvajón!" dice alguien (¡tenemos problemas!). Pero ahora señalamos los siete el mismo papelito y nos sentimos tan unidos como nunca...

Volviendo a la partida ¿dónde estamos? Ahí los soldados, gauchos con papeles (nuestro equipo). El dado cae = "Pierde un turno". Ése es el río Negro. El que saca el número más alto es Roca. No vale reírse. Jugamos arracimados, picados de caña. El gato de casa huele unos alfajores artesanales (un gato que se deja acariciar por nosotros). "¿No juegan los caciques?" queda flotando la pregunta. Un soldado armado con una Rémington vale por cinco indios enfurecidos. Para el ejército 2 vale 3, 3 vale 4, y así. Ésta de acá es la frontera con Chile. Los militares avanzan fundando ciudades con su nombre. Los trámites los demoran.

Mientras jugamos, el gato se olvida de nosotros. Pasa no sé cuanto tiempo y me duermo... Estamos hechos de los sueños de este país, materia opaca, sustancia de la ficción. Debo haber respirado fuerte porque los papeles vuelan. Cae el último dado = 6. Pienso, si hubiera conocido antes a estos dramaturgos no hubiera sido un solo autor.

Posdata

Había pensado en Una aldea francesa en una larga tarde de carnaval pero entonces sólo haría alusión a Buenos Aires, y otras provincias participaron también en la fiesta del degüello. Y los que creyeron en bandos, en las revoluciones que cambiarían estructuras, que modificarían la concepción humana de la vida. Debía ser otro. Entonces, como en una vieja calle de barro, de mierda y charcos de sangre, salió este título: La carnicería argentina.

[1] Pulp.

Agradecimientos

Beatriz Sarlo (inspiración), Carlos Pacheco (sin cuya generosa ayuda la publicación del libro no hubiera sido posible), Eduardo Aliverti, Éter, espacio callejón, Instituto Nacional del Teatro (por darnos imprenta y difundir los textos entre mucha gente), Jorge Macchi, Rosemay Philippe, Julieta De Simona, Paola Di Pietro, Luis Pablo Giniger, Thomas-Diego Jerez-Erschoff, Virginia Mario, Lucas Petersen, Susana Rusatti, Luciana Mastromauro, Horacio Banega (por su apoyo constante), Romina Paula, Agustina Gatto, Cynthia Edul, Viviana Iasparra, Beatriz Catani, Martín Seijo, Leandro Halperín (por consultas varias), Manuel Attwell, Paula Bartolomé, Alejandro Ini, Natalia Lamberto, Marcelo Dandrea, Guillermo Rivieri, Reina Malinow, Mariano Docena, José Villa, María Silva, Gonzalo Martínez, Percy Jiménez, Lena Preuschhof, Ana Barry, Mario Varela, a Pepa y Kudo, y al Tigre.

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